Grisselle, la azafata que vive en su coche con dos perros y siete gatos: "No puedo dejarlos solos" – NIUS – NIUS
Como auxiliar de vuelo, la vida de Grisselle Crovetto estaba a camino entre dos ciudades. Cuando volaba se quedaba en Madrid en casa de una amiga, cuando descansaba se iba a Málaga donde tenía un casa alquilada en la costa. Hoy con un ERTE que acaba de finalizar, vive en su coche aparcado en una gasolinera de Manilva.
"Yo seguía pagando a la inmobiliaria y tenía contrato", asegura Grisselle, pero después de un largo viaje se encontró que ya no podía entrar en la casa. "Lo he denunciado ante la Guardia Civil", cuenta a NIUS la azafata, "que no entiende qué es lo que ha pasado". Sin embargo, su mayor preocupación son los animales con los que vivía. Siete gatos y cuatro perros que como ella se han quedado en la calle.
Sus animales son su mayor preocupación… y también su mayor problema para encontrar una nueva casa. "Hasta que no encuentre un sitio donde puedan estar, no puedo dejarlos solos", clama Grisselle. De momento durante los primeros días ha conseguido alojar a sus siete gatos en un albergue, "y uno de los perros, Dobby, está en una casa de acogida". Barbie y Rayo duermen con ella en el coche… y aún le falta Samanta, que se escapó cuando se quedaron sin casa.
"Me han dejado una especie de jaula para intentar capturarla", explica Grisselle, que va a diario a la zona donde algunos vecinos aseguran haberla visto. Merodeando por los alrededores de su antigua casa, Samanta sigue mostrándose esquiva. "La perrita está muy nerviosa", nos dice su dueña.
Aparcada en una gasolinera de la rotonda de Sabinilla, se pasa el día moviendo su coche de sitio buscando sombra para sus animales. "Intento que los perros no estén al sol", explica a NIUS. Para asearse, Grisselle utiliza los baños de la gasolinera, y una mujer de la zona le ha ofrecido también su casa para ducharse.
"Dormir en el coche es bastante duro", nos cuenta, "pero al menos no estoy sola". Dobby duerme en el asiento del copiloto, Barbie en la parte trasera del coche y en el asiento del piloto descansa como puede Grisselle. "No tengo miedo porque estoy con ellos", asegura.
En la estación de servicio hay una lavandería donde limpia tanto su ropa como las mantas del coche sobre las que duermen con sus perros. En la misma gasolinera es donde desayuna cada día, sin embargo para comer Grisselle suele ir a un kebab cercano que conoce.
"En treinta años que llevo en España nunca me había visto así", confiesa Griselle que intenta como puede deshacer el nudo en el que se ha convertido su día a día. "Tengo que buscar una casa", explica a NIUS, pero tiene que ser una casa donde pueda estar con sus animales y eso de momento no es fácil.
En su anterior vivienda pagaba 500 euros. Ahora tras el ERTE y después de varios meses sin volar, su presupuesto no es el mismo. "Los auxiliares de vuelo no ganamos si no volamos, el salario se basa en las dietas de los vuelos", dice Griselle, que aun así antepone el problema de sus animales al de su alojamiento.
Pasan los días y en lugar de soluciones, aparecen más problemas. El albergue donde estaban sus siete gatos ha tenido que devolvérselos. "Tengo reservas que atender", asegura Antonio, el propietario de este hotel para mascotas de Manilva, que ahora necesita la habitación de los felinos para otros clientes.
Una veterinaria se hará cargo de ellos en su propia casa los próximos días. "Me ha dicho que ella pagará la comida y todo", suspira Griselle, "es como un ángel que ha venido a ayudarme". La solidaridad se ha convertido en la única forma de sobrellevar esta situación para ella.
En breve esta azafata estará de nuevo volando. "Seguramente empiece en diciembre", señala. Su sueldo volverá entonces a permitirle acceder a una vivienda donde puedan estar todos juntos. Mientras tanto, Grisselle lo tiene claro: o todos o ninguno. Mientras no haya un sitio para sus animales, ella seguirá durmiendo con ellos en el coche.



