Así eran los perturbadores pasatiempos de los niños en la época victoriana – Muy Interesante México
Los niños necesitan jugar, es parte de su naturaleza. En la actualidad tiene infinidad de posibilidades para entretenerse y aprender, incluyendo dispositivos digitales como celulares, videojuegos y computadoras. Sin embargo, algunos siglos atrás tenían que recurrir a su imaginación para hallar pasatiempos divertidos. En la época victoriana destacan ciertas actividades infantiles que hoy nos parecen bastante extrañas o macabras, pero que en aquella época se veían como algo normal. Así eran los pasatiempos infantiles en la época victoriana.
Esta es una canción todavía muy popular en Inglaterra. Los niños suelen cantarla y bailar mientras forman un círculo con las manos entrelazadas. Sin embargo, muchos coindicen en que la canción en realidad retrata un hecho trágico, el de la peste bubónica.
La primera línea, “Ring around the Rosie”, podría referirse a la erupción de color rojo brillante visible en las personas infectadas.
“Pocket full of posies” podría referirse a la flor que se consideraba un amuleto de buena suerte para proteger contra la contracción del virus.
Cuando se canta “Atischoo, atischoo”, que suena como un estornudo, se haría referencia a este acto tan común entre los contagiados.
En algunos lugares, los niños entonan “Cenizas, cenizas”, lo que podría referirse a las frecuentes cremaciones que se hacían durante la peste.
Por desgracia, la frase “Todos caemos” podría simbolizar la muerte, ya que la peste tenía un índice de mortalidad muy alto.
Este juego era muy popular sobre todo en fiestas de salón. Consistía en que los adolescentes y jóvenes adultos formaban dos filas, una de mujeres y otra de hombres, que se colocaban frente a frente. El reto consistía en hacer un retrato de las virtudes y defectos de la persona de enfrente. Cada participante tenía que leer estas descripciones en voz alta delante del grupo, lo que podía hacer del momento algo incómodo.
Si la pareja parecía ser compatible, un juez la unía en “matrimonio”. En el caso de que una pareja pidiera el divorcio, a pesar de que el juez considerara que era compatible, había una penalización y los jugadores debían pagar una multa.
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En un palo que se colgaba de manera horizontal, se encajaba una manzana en un extremo y una vela encendida en el otro. Se le daba vueltas al palo y los participantes debían arrancar de un mordisco la manzana. Por supuesto, existía el riesgo de que los niños se quemaran con la vela.
Durante la víspera de Halloween, las niñas y adolescentes jugaban un juego que consistía en intentar adivinar cómo y quién sería su futuro marido cuando le llegara el turno de casarse. Existían variantes sobre cómo hacerlo: una de ellas consistía en que una chica debía comer una manzana a la luz de las velas mientras se miraba en un espejo a la espera de ver el reflejo de su pretendido de pie detrás de ella.
Otra variante consistía en colocar en una mesa tres cuencos con agua, leche y otro vacío. Una de las participantes tenía que avanzar hacia ellos con los ojos vendados. El objetivo era meter al azar la mano izquierda en alguno de los cuencos.
Si metía la mano en el cuenco de agua, estaba destinada a casarse con un soltero. El cuenco de leche significaba que se casaría con un viudo. Si le tocaba el cuenco vacío, significaba la soltería, una perspectiva aterradora en el siglo XIX. Para que cualquiera de las posibilidades se cumpliera, la chica debía meter dos veces la mano izquierda en el mismo cuenco.
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Teniendo en cuenta la elevada tasa de mortalidad infantil en esta época, no resulta raro que los niños tuvieran la imagen de la muerte muy presente, incluso en sus juegos. Los niños no solo se reunían fingiendo que estaban en un velorio, sino que había juguetes hechos para este fin, como un pequeño ataúd negro, un diminuto vestido de luto y un muñeco al que se le podía llorar y darle sepultura.
Charles Dickens hizo referencia a este juego en su novela de 1840 La tienda de antigüedades (The Old Curiosity Shop). En la historia, la protagonista, Nell, se encuentra con un grupo de niños en un cementerio “jugando al funeral” con un muñeco muy realista: el hermanito de uno de ellos.
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